Me llamó la atención que el perro estuviera dando brincos en una zona del jardín. Le llamaba, pero me miraba indeciso de si venir o no. En uno de sus rápidos viajes hacia mí... ¡sorpresa! Sangre en la boca.
Fui hasta el rincón pensando en encontrarme algún pobre animal malherido, pero ¡sorpresa! --otra vez--, una "bola de pinchos" que "respiraba". Efectivamente, se trataba del erizo, acojonao. Comprobé que la sangre del hocico de mi perro, era su propia sangre: al haber intentado hincarle el diente al animalillo, se llevó una sorpresa al ver que "eso" pinchaba.
Volví a por una bolsa y lo llevé con cuidado hasta la mesa de la cocina. Nunca había visto un erizo vivo en persona, por lo que aproveche para contemplarlo a medida que se iba tranquilizando. No tenía ningún tipo de insecto a mano --¿por qué iba a tenerlo?--, así que opté por darle unos tomatitos cherry y pan de molde desmenuzado y ni aún así.
Finalmente, y tras un par de fotos, opté por "liberarlo" en un lugar, a priori, más seguro que el jardín de mi casa, : )
08 julio 2005
Un erizo entre mis tierras
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